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Algunas
películas repiten los esquemas de otras
producidas años antes (como
Centerfold fever, de Richard Milner, que
copia gags de la comedia periodística
Honeypie, o Nothing to hide, de Anthony
Spinelli, casi una secuela de Talk dirty
to me) y otras muchas reproducen el
modelo dominante en la sociedad
televisiva de la época: el culebrón.
Tal
es el caso de Hot Dallas nights, de Tony
Kendrick, una alocada parodia de Dallas,
la serie de televisión que triunfa en
Estados Unidos; Roommates, de Chuck
Vincent, comedia sobre las desventuras
de una prostituta de lujo (Samantha
Fox), una aspirante a actriz (Veronica
Hart) y |

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| una
modelo de segunda división (Kelly
Nichols) que comparten piso; Peaches
& Cream, de Robert McCallum, película-río
sobre una joven campesina que llega a la
gran ciudad, y Wanda whips Wall Street,
de Larry Revene, la historia de una
mujer de negocios que asciende
vertiginosamente gracias a sus
habilidades sexuales.
Además,
la escasez de ideas se tradujo también
en la recuperación, a golpe de
talonario, de antiguas estrellas del género
retiradas prematuramente, como Harry
Reems en Society affairs y Constance
Money, la recordada protagonista de Paraíso
porno, en A taste of Money. En
ambos casos, su vuelta al porno fue
fugaz. Al lado de esta obsesión por el
culebrón, algunos directores intentaban
buscar una salida para el
anquilosamiento del género mediante películas
de corte vanguardista.
La
más notable de todas fue Cafe Flesh,
de Rinse Dream, un drama
futurista lleno de referencias
culturales y con un pesimismo que le
acercaba a los clásicos de los setenta.
El filme del inquieto Dream ha pasado a
la historia como una de las pocas películas
de culto que ha dado el porno. Lejos del
planteamiento vanguardista de Dream,
pero con un indiscutible afán de
innovación, se encuentran los intentos
por realizar un cine más objetivo,
centrado en la mirada de la mujer, de
películas como The Dancers, de Anthony
Spinelli, sobre las andanzas de cuatro
bailarines de strip-tease, o The
Playgirl, de Roberta Findlay, que
aporta el punto de vista femenino al
tema de la infidelidad matrimonial.
Dentro
de los esfuerzos por refrescar el
panorama del cine X hay que situar también
la recuperación del documental erótico,
tan popular en los primeros setenta, por
parte de Gerard Damiano en Consenting
Adults, o el atípico intento por
realizar un porno anti-erótico de corte
experimental a cargo de Richard Mahler
con Midnight Heat.
Fuente:
http://www.lavision.com.ar/tapa/inform/des34/ladata/historia/die_8.htm
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