RELATOS

Los siguientes relatos son bastante antiguos pero por lo entretenido merecen seguir publicados.

 

¿Te encuentras en Santiago?, ¿Necesitas una conejita?

Conejitas Scort de alto nivel, certificadas por nosotros

Principal Pornochile

Coincidencias de la vida


Hola amigos: ¡Felicitaciones por su excelente página! La particular manera en que los encontré en la web me motivaron a escribir mi última aventura. Por favor, publíquenla lo antes posible. De antemano gracias... 


Hola Amigos: Les quiero compartir mi historia y la curiosa manera por la cual llegué a publicarla en este sitio. Mi nombre es Thor Arne, soy chileno-noruego, aunque me siento más chileno que europeo. Viví mi infancia en ese país y ahora que tengo 22 años, he vivido ya cinco años en Chile, en Puerto Varas. Siempre hablé castellano con mi mamá.

Todo comenzó un día que iba en el minibus para llegar a Puerto Montt. Éste estaba lleno y me tocó irme de pie. Siempre me gusta mirar la gente que está sentada y en eso estaba cuando dos ojitos cafés se encontraron con los míos. La dueña de esos hermosos ojos era una mujer de rostro dulce. Cada vez que volví a mirar estaban esos dos ojos clavados en mí. Justo se desocupó el asiento a su lado así que como por inercia me senté junto a ella. Debido a la gente que se cargaba contrá mí, quedé bien pegadito a ella. ¡Lluvia para variar! Le dije para entablar la conversación. Me sonrió dulcemente y me dijo: “debes ser de afuera, que no estás acostumbrado” Entonces le expliqué de donde venía y que en Noruega había más nieve que lluvia. Me contó que ella también vivía en Puerto Varas y en una cabañita pues su casa la arrendaba. “Tengo unos amigos que buscan una casa para arrendar”, dije, a lo que contestó “podrías ir a verla entonces” (¡qué coincidencias de la vida no!?) Me dio su celular y quedamos en comunicarnos. Era algo especial lo que sentía en ese momento, me sentía fuertemente atraído por una mujer mucho mayor que, más que parecer una modelo en ese entonces, tenía un encanto especial, y unos labios exquisitos. La llamé en la tarde y quedamos en que yo iría esa noche a su casa cuando ella llegara del trabajo. Y así ocurrió.

Era una casa grande con una pequeña cabaña atrás. Me hizo entrar en la casa y me invitó a un cafecito. Ahora la podía observar mejor. Tenía un cuerpo muy atractivo, no era muy alta pero tenía una buena figura. Su escote dejaba ver el comienzo de dos pechos paraditos, como dos manzanas deliciosas. Llevé varias fotos de Noruega  (especialmente aquellas donde yo aparecía en alguna playa o con poca ropa). Después de conversar de varias cosas, me contó que era separada, sin hijos y que la casa era demasiado grande para ella, por eso vivía en la pequeña cabaña del fondo. El ambiente se empezaba a poner más y más cálido cuando ¡maldita sea! Sonó mi celular y tuve que salir apresurado a causa de un compromiso urgente. Quedamos en contactarnos otro día.

Esa noche fue terrible, estaba consternado, la excitación fue tal, que para calmarla con una buena masturbación, me puse a navegar en Internet hasta dar con este sitio. Fue así como encontré la sección relatos y me propuse algún día contar mi aventura. 

La excusa para la segunda ocasión no faltó: había olvidado un álbum de fotos así que la llamé y quede en visitarla esa noche. Me esperaba, pero esta vez en la cabaña. Era realmente pequeña. Tenía música suave. Su ropa era ajustada, podía notar muy bien su conservada silueta, su culito redondo, sus pechos y esos labios que me volvían loco. Tomamos unos tragos sentados en cojines sobre la alfombra en torno a una mesita de centro. Después de una conversación cada vez más íntima, me acerqué suavemente, tomé una de sus mejillas, y mis labios tocaron por fin los suyos. Fue un beso apasionado de amantes. Nos recostamos sobre la alfombra y nos quedamos ahí un buen rato; de pronto me dice: “¿sabes lo que haces?, ¡no quiero que pienses mal de mí, ni que te enamores de una mujer mayor!” Su voz dulce sólo me excitaba más. Nos pusimos de pie y le dije que no se preocupara, la besé nuevamente y mis manos comenzaron a acariciar su espalda, su trasero duro. Me tomo de la mano y me llevó a su dormitorio, pequeño, acogedor. Cerró las cortinas y ya sobre su cama la empecé a desvestir. Sus sostenes eran negros y pequeños (adoro esos sostenes!!!!!), apenas cubrían la mitad de sus adorables tetas. 

Su calzón, también pequeño estaba bien metido en su culito. Cuando ya la tenía desnuda frente a mí, me desvistió. Bajó mi calzoncillo que casi reventaba y apenas rozó con su palma mi pene grande y duro mientras con una voz dulce y lujuriosa me decía “parece que lo vamos hacer varias veces!”. Esa frase me enloqueció. La besé nuevamente mientras se echaba sobre mí. En ese momento acomodó mi miembro en su conchita hermosa. Tenía esas tetas todas para mí. Las besaba, las lamía mientras su vaivén sobre mi pene la hacía gemir. Empezó a besarme, la boca, la mejilla, las orejas. Me sentía perdido en su cuerpo. Su ritmo aumentaba frenéticamente. Antes hacerme acabar, se retiró un poco hacia atrás. Me tenía como su esclavo, me disfrutaba sin límites. Sus exquisitos labios empezaron a bajar lentamente sobre mi cuello, mi pecho, hasta tocar mi miembro con su barbilla. Miró mi pene con cara de golosa y lo agarró firme con sus dos manos. Lo empezó a lamer suavemente hasta que acabó por chuparlo desesperadamente. Sin sacárselo de la boca comenzó a girarse suavemente hasta que su culo estaba delante de mi rostro.

No lo podía creer, su vagina deliciosa era toda para mí. Primero le introduje un dedo mientras ella lamía mi pene. Después probé por primera vez una concha. Por instinto mi lengua empezó a masajear su sexo mientras se estremecía y entre gemidos no dejaba de chuparme el pico. Por fin tuvo lo que quería, mi leche saltó dentro de su caliente boca. Con su delicadeza y dulzura de siempre, limpió los restos de semen de mi abdomen. Lo que viví en ese momento es indescriptible, pero no acabó entonces. Se puso su bata y con una cara de enorme felicidad, y picardía diría yo, fue a living para buscar otro trago. Después de beber un poco, se sacó la bata y se recostó a mi lado y mientras sonreía masajeaba mi pene para volverlo a erectar. Ahí lo tenía de nuevo, todo para ella. Esta vez me hizo sentarme sobre mis piernas mientras ella se acomodaba sobre mis muslos. Empezó un juego enloquecedor, sus pezones rozando mi cara, su vagina apenas tocando mi erecto miembro, sus gemidos mezclados con risas lujuriosas... Por fin mi pene entró en su conchita y nos movíamos suavemente al ritmo de la música.

Luego se agarró de mi cuello y se echó hacia atrás para recostarse nuevamente. Sus piernas, ahora sobre mis hombros, sus nalgas firmes tocando mis muslos y mi pene en un ritmo apasionado incursionando nuevamente su conchita. Me miraba con su sonrisa dulce mientras se masajeaba los senos para mi placer. Sus pezones erectos bajo la punta de sus dedos y su lengua rozando sus labios hasta que acabamos. Estábamos exhaustos pero satisfechos. Después de vestirnos, un beso en mi mejilla me indicaba que nos veríamos otra vez...

 

Más relatos


 
¿Más Videos? te recomendamos www.papichulo.cl

 

Pornochile.cl en la red desde 1999, junto a los califas.