Cuando
hice aquel viaje a Roma con mi madre tenia 16 años, y ella 34 años.
Se había casado muy joven estando embarazada de mi, y a los
tres años se divorcio, por lo que apenas tuve relación con mi
padre, era hijo único y siempre estuve muy ligado a mi madre,
lo que no quiere decir que fuera un niño mimado, enmaderado o
amanerado, todo lo contrario, por entonces ya me gustaban
horrores las chicas, siempre estaba pensando en ellas aunque no
había tenido ninguna experiencia y, por supuesto, no paraba de
masturbarme a todas horas.
A mi madre le había tocado un viaje de un
fin de semana a Roma para dos personas, y como no tenia con
quien ir, pues de hecho no había vuelto a tener pareja estable
desde su divorcio, fuimos los dos juntos.
Llegamos el viernes por la tarde al hotel, la
sorpresa al llegar fue que solo había una cama de matrimonio,
circunstancia a la que mi madre no dio importancia, dijo que ya
nos arreglaríamos, pero a mi me incomodo bastante, ya que por
entonces yo solía estar empalmado continuamente y tenia miedo
de que me descubriera. Sin embargo, lo que mas me preocupo fue
el ver que la habitación, que era de diseño muy moderno, tenia
la ducha en un extremo de la habitación, sin puerta y con una
mampara translúcida, lo cual me obligaría a desnudarme en
medio de la habitación. Por otra parte me daría la posibilidad
de ver a mi madre desnuda a través del cristal, lo que me
excitaba enormemente.
No seria la primera vez que viera desnuda a
mi madre. Hasta no hacia mucho, que cumplí los once o doce años,
nos duchábamos juntos con frecuencia, pero cuando cumplí esa
edad , ella vio que empezaba a tener erecciones en la ducha y
decidió dar por terminadas nuestras duchas juntos diciendo que
ya me estaba haciendo hombrecito, por lo que desde entonces no
la había vuelto a ver desnuda, aunque si en ropa interior, pues
no se ocultaba y a veces se paseaba así por casa cuando se
cambiaba de ropa.
Una vez en el hotel decidimos cambiarnos para
dar un paseo y cenar. Mi madre se quito la ropa con toda
naturalidad dejando ver un conjunto de ropa interior negro muy
ajustado y que dejaba libre la mayor parte de sus senos y de su
trasero, lo que me provoco cierta conmoción en mis partes
bajas. A la vuelta, bastante tarde y algo cansados, llego el
momento que yo estaba temiendo desde que vi la habitación,
aunque también en cierto modo ansiaba, pues mi madre decidió
que pasáramos a la ducha para dormir mas relajados.
- Venga, pasa tu primero a ducharte - dijo, y
entonces reparo en como era la ducha - Anda, te has fijado que
ducha mas original, esta en medio de la habitación - pero no le
dio mas importancia.
Me desvestí, quedándome solo los
calzoncillos, y me acerque a la ducha, sin atreverme a
desnudarme, así que empecé a perder el tiempo cepillándome
los dientes, peinándome, etc.. Mi madre se debió dar cuenta de
que estaba incomodo porque entonces me dijo.
- Oye, si te da corte que te vea el culo me
lo dices y me doy la vuelta, pero no va a ser la primera vez que
lo vea, así que metete de una vez en la ducha - dijo mientras
empezaba a desvestirme.
Hice lo que me decía, aunque no me atreví a
pedirle que se diera la vuelta. Me desnude y me metí en la
ducha, entonces vi como ella se acercaba al lavabo que estaba a
dos pasos de mi y se desmaquillaba. La excitación me provoco
una tremenda erección que trataba de disimular poniéndome de
espaldas a ella. En ese estado no podía salir, tirándome un
buen rato bajo el agua. Ella se empezó a impacientar y dijo que
saliera de una vez, entonces repare en la situación, en que era
mi madre y volví a mi estado normal, saliendo de la ducha,
aunque sin intentar ya oculta nada. Me termine de secar, me puse
un pijama corto y me metí en la cama.
Era su turno, tenia claro que pediría que me
diera la vuelta, pero no lo hizo. Dándome la espalda en todo
momento se desabrocho el sujetador y se bajo las bragas con toda
naturalidad, sin dejar de hablarme y dándose a veces la vuelta
mirándome a la cara, por lo que tenia claro como yo la estaba
observando fijamente. Tenia un culo fantástico, bien prieto,
unas anchas caderas y una carnes sonrosadas.
- Hijo, parece que es la primera vez que ves
un culo - dijo al ver mi mirada clavada en su cuerpo - Si lo
llego a saber te digo que no mires, aunque más vale que te
vayas acostumbrado, porque ya ves como es esta habitación. Además
no tiene importancia, al fin y al cabo soy tu madre - siguió
mientras se metía en la cabina.
Salió de la ducha tapándose con la toalla y
se sentó en la cama para terminar de secarse dándome la
espalda, lo que me permitía ver el perfil de sus senos y el
inicio de su culo. Finalmente se levanto se puso unas bragas
limpias y una camiseta larga para dormir, me dio un beso en la
frente sin adivinar lo que había estado haciendo al mirarla,
apago la luz y allí acabo todo por esa noche.
El día siguiente fue agotador, visita a la
ciudad y todo los demás. No fuimos al hotel ni siquiera para
cambiarnos para ir a cenar, por lo que cuando llegamos estábamos
destrozados, aunque habíamos disfrutado mucho y lo pasamos
realmente bien.
Se acercaba el momento que yo tanto había
temido el día anterior, aunque me encontraba mas relajado al
comprobar la actitud de mi madre, por lo que me desnude del todo
y fui a cepillarme los dientes, aunque esta vez sin
calzoncillos, circunstancia que mi madre aprecio.
- Que alegría - dijo - veo que ya has dejado
tus tontos pudores. Mira, para que veas lo natural que es vamos
a hacer una cosa que hace mucho que no hacemos, nos vamos a
duchar juntos, te apetece?.
Bueno - dije con una voz entrecortada. Claro
que me apetecía pero pensaba que no podría controlarme y suponía
que ella ya no encontraría tan natural que tuviera una erección.
- Pues vamos - dijo desabrochándose el
sujetador aunque ya frente a mi, y a continuación bajándose
las braguitas.
Ahora la tenia ante mi en todo su esplendor.
Sus pechos eran grandes aunque firmes, su pubis, fantástico, se
adivinaba tras su vello, que tenia muy bien depilado por los
lados, solo tenia pelo encima del coñito, por lo que podía
adivinar su sonrosada almeja. Era la primera mujer que veía
desnuda, y era una maravilla, pero también era mi madre y lo
sabia, lo que hizo que pudiera controlarme y mantener mi polla
en estado de relajación para mi alivio.
- Venga, puedes mirarme todo lo que quieras
que seguro que te gusta - Su comentario me corto un poco y baje
la cabeza, pero ella me levanto de la barbilla y añadió - que
ayer bien que mirabas mientras me desnudaba y me secaba, así
que deja la timidez y mírame a la cara.
Así que se había dado cuenta de todo,
aunque no parecía importarle, es más me estaba incitando a que
mirara sin rubores y cara a cara. Sin duda le parecía algo
natural.
Nos metimos en la ducha, que no era muy
grande, por lo que estábamos bastante apretados, me dio la
vuelta y comenzó a enjabonarme la espalda con mucha suavidad,
bajo por mi trasero, mis muslos hasta llegar a las piernas. Mi
polla empezaba a despertarse. Se dio la vuelta y me dijo - Ahora
te toca a ti.
Empecé por los hombros, con muchísimo corte
fui bajando por la espalda. Se dio cuenta y dijo que apretara más.
- Frota mas fuerte que no me voy a desgastar
- Al llegar a la cintura mi mano se paro, no me atrevía a
seguir. Ella cogió mi mamo la planto en medio de sus nalgas y añadió
- El culito también hay que enjabonarlo, no te de vergüenza.
Mi excitación iba en aumento ya no podía
controlarme y tenia una erección considerable que ya no sabia
como disimular, situación que enseguida aprecio mi madre.
- Ahora de frente - dijo dándome la vuelta.
Al ver mi polla se llevo las manos a la boca y exclamo - Pues si
que esta hecho un hombre de verdad, si señor.
Entonces me asuste, creí morir de vergüenza
y me eche a llorar como un niño. Pensaba que me iba a llevar
una regañona por estar así delante de ella. Pero una vez más
me sorprendió.
- No seas tonto, que eso a tu edad es lo mas
natural del mundo. A pesar de su comentario mi erección bajo y
ni siquiera cuando le toco el turno para enjabonarla cambio de
estado.
- Venga, te toca otra vez - dijo dándome el
frasco de gel. primero enjabone su cuello, luego sus pechos, y
atónito vi como sus pezones, preciosos, pequeños y oscuros, se
erizaban. Muy bien, lo esta haciendo muy bien, así me gusta -
No podía creerlo, pero mi madre se estaba excitando con mis
caricias. Eso, naturalmente, volvió a despertar mi polla -
Valla - añadió - veo que tu cosita vuelve a crecer. Te gusta
lo que me esta haciendo, verdad?
- Si - dije a media voz.
- Entonces sigue - dijo bajándose las manos
por sus caderas, y con todo descaro separo sus piernas elevando
una y apoyándola en el piso de la ducha. - Ahí también tienes
que enjabonar - añadió señalándome sin duda su coño
abierto.
Con lentitud lleve la mano a su pubis,
enjabone el poco vello que tenia y después baje la mano. No lo
podía creer, mi madre estaba totalmente mojada, estaba fuera de
si.
- Vamos no pares, que creías, que solo te
gusta a ti acariciarte - Volvía a sorprenderme, sabia mis
aficiones, aunque lo disimulaba a la perfección - O es que
piensas que ayer no vi como te masturbabas mientras me duchaba -
Se había dado cuenta, aunque no había dicho nada - Y no te
preocupes, que no me molesta, me halaga.
Cogió uno de mis dedos y lo metió en su
vagina. Era la primera vez que hacia algo así, era fantástico.
La movía dentro de ella, estaba fuera de si y comenzó a jadear
hasta que se estremeció. Entonces no lo sabia, pero ahora
supongo que tuvo un orgasmo.
Me beso en la boca, apretó fuerte su pechos
contra el mío y allí ya fue cuando termino de dejarme
anonadado. Se arrodillo y comenzó a besar mi polla, ya dura
como una piedra. Lo había visto en películas po