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Pornochile
Encuentro(Bisexual)
Hola, mi nombre es Fernando
y aquí les estoy enviando mi relato (que es verídico). soy de
Chile y conocí la web de ustedes navegando entre las páginas
XXX.
Nunca
he tenido relaciones homosexuales, pero desde hace un tiempo que
me excitaba cuando veía una gruesa verga en las películas
pornográficas..., en realidad, no es que sintiera ganas de ser
penetrado por otro hombre, pero si me daban muchas ganas de
tener aquellas enormes herramientas en mi boca y sentir su
sabor. En todas las ocasiones que veía mujeres chupando el
carajo de un hombre, me imaginaba que era yo quién estaba
entregado a esas tareas, y que era yo quién recibía en mi cara
aquellas poderosas descargas de semen.
Pero lo
que en realidad me calentaba mucho más, era ser una especie de
sirviente sexual de una pareja, en donde yo me ocuparía de
asistirlos cuando ellos tengan relaciones. O sea, yo jugaría
con mi lengua en los sexos de ambos, para excitarlos, y mientras
ella era penetrada, yo lamería su conchita y las bolas del varón.
Lentamente,
comencé a tratar de hacer realidad mis fantasías, contactándome
con diversas parejas a través de Internet. Fueron varias las
ocasiones en que contestaron mis emails, pero nunca me atreví a
seguir con el juego..., hasta que en una oportunidad me contacté
con una pareja de índole más dominante que las anteriores.
Después me enteré de que ellos eran en realidad una pareja de
swinger y que gustaban de practicar el sado.
Yo vivo
en provincia, por lo tanto me tuve que trasladar a Santiago, que
era el lugar de encuentro acordado. Para mi eso no representaba
problema alguno, ya que normalmente viajaba a esa ciudad. Este
es el relato de nuestro primer encuentro:
Nos
juntamos en un café del centro, tal como habíamos acordado, y
desde el principio sentí que se produjo una cierta química
entre mi persona y ellos. Sentía eso si, una mezcla de temor y
ansiedad por las cosas que podrían ocurrir..., por las
situaciones que podríamos crear. En momentos tuve intenciones
de echar pié atrás sobre lo que habíamos acordado, así que
les conté que yo no tenía experiencia en sexo grupal, y mucho
menos en relaciones bisexuales. Esto, de acuerdo a lo que pude
detectar no representaba ningún problema para ellos. Solo les
pedí que fuéramos lentamente..., a mi ritmo. Ellos se
mostraron conformes.
Bueno,
los identificaré como Arturo, un hombre moreno de 40 años y de
contextura gruesa, ligeramente obeso y de aproximadamente 1,80
mts. Ella es Erica, una rubia menuda de 35 años, delgada y con
un cuerpo muy bien formado distribuido en su 1,60 de estatura,
su cara no era bonita, mas bien era la cara de una mujer severa
y sus ojos grises demostraban su ascendencia alemana.
Salimos
del café, y nos dirigimos a el departamento de ellos. Este se
encontraba en el barrio alto de Santiago, y me pude dar cuenta
que este lugar no correspondía al nivel de vida que
acostumbraban a llevar, ya que se notaba en la forma de
expresarse que provenían de un estrato social mas bajo. Eran
comerciantes con un pasar económico sin sobresaltos, pero de
ninguna manera con una amplia holgura económica. A pesar de la
edad de ambos, no tenían hijos, por lo que nos encontrábamos
solos.
Tan
pronto ingresamos al living, Arturo -con una desfachatez increíble
y que mostraba su amplia experiencia en este tipo de
situaciones- se sentó en un sofá con sus piernas muy abiertas
y cogiendo a su mujer por las caderas la sentó sobre sus
piernas, le sacó las tetas de la blusa y la manoseó sin
importarle mi presencia. Con muy pocas palabras abrió las
piernas de su esposa y me miró indicándome con un gesto que me
arrodillara delante de ellos. Yo obedecí, y seguidamente pude oír
la voz de Arturo que ordenaba "excítanos..., haz trabajar
tus manos y tu lengua"
Me
aproximé lentamente a las entrepiernas de Erica, y corrí hacia
el lado su calzoncito blanco para dejar al descubierto una
hermosa hendidura y unos finos rulitos dorados. Emanaba un
olorcito maravilloso y con todo cuidado, deslicé mi lengua para
acariciar y chupar aquella exquisitez, hasta sentir que sus
jugos lubricaban su conchita. Me encontraba en esos menesteres,
cuando Arturo la tomó por su cintura y la colocó casi sobre su
barriga al tiempo que me ordenaba "soba mi verga..., sácala
de mi pantalón". Sin ningún asomo de duda, bajé el
zipper de su marruecos y desabroché su cinturón y el botón
superior de su pantalón, para luego bajárselos hasta las
rodillas. Sobre su calzoncillos se dibujaba su enorme aparato,
que parecía querer reventar la tela que lo contenía. Bajé
lentamente su slip y cogí entre mis manos aquella enorme
herramienta. Debía tener por lo menos 20 cmts., y su grosor era
del diámetro de mi muñeca. ¡¡Era realmente enorme!! Gruesas
venas recorrían el tronco de su morena verga que era coronada
por una enorme cabezota, que se asemejaba a una gran ciruela.
Sus bolas eran enormes y una mata de pendejos cubría todo aquel
paquete. Sus pelos bajaban desde su vientre y se convertían en
una espesa mata al llegar a su carajo. Por el ojete de su pico
apareció una gota de líquido cristalino y emanaba el fuerte
olor de su sexo. Estaba muy erecto, y tenía una ligera
inclinación hacia su lado derecho. ¡Nunca había visto un pico
con ese ¿defecto?!
¡Estaba
caliente..., casi ardía entre mis manos!! Arturo seguramente se
percató de mi admiración por su herramienta, ya que dirigiéndose
a mi, me preguntó ¿te gustaría chuparlo?, y luego cambiando
el tono de su voz, dijo "vas a tener que meterlo como
puedas en tu boca". Yo le recordé que no me apresurara y
que me dejara ir a mi ritmo... Le dije que en realidad me sentía
muy excitado y que a ratos me daban ganas de sentirlo dentro de
mi boca, pero que aún no me atrevía a hacerlo.
"Entonces,
prepara mi verga con tus manos", me dijo. Yo lentamente
inicié un sube y baja con mis manos en aquel aparato, y
mientras me encontraba en ello, incliné mi cabeza para poder
trabajar con mi lengua en la concha de Erica..., luego me retiré
y pasé por la palma de mi mano la húmeda cabezota del pichulón
y lo apreté ligeramente para luego llevar mi mano casi mojada
con los jugos de Arturo a mi boca y pasar mi lengua por ella
¡¡era la primera vez que sentía el sabor de otro hombre!! Era
un poco amargo.
Abrí un
poco la conchita de Erica y le encajé la herramienta de su
marido. Ella se comenzó a mover como loca mientras yo me
entregue a la tarea de besar y lamer su sexo mientras era
penetrada por Arturo. El ambiente se comenzaba a poner realmente
caliente..., la luz era muy tenue y sentí una de las manotas de
aquel hombre empujando mi cabeza hacia abajo, hacia sus bolas.
No me resistí mucho, y con decisión baje con mi lengua
acariciando el tronco de su verga, hasta llegar a sus enormes
cogones. Sus pendejos pinchaban un poco mi lengua, pero era
tanto mi calentura que dejando de lado esas molestias, me dediqué
a chupar con ganas sus bolas..., recorrí varias veces con mi
boca el camino desde sus pelotas, pasando por su tronco hasta
llegar a la conchita de Erica. La mujer comenzó a gritar con
evidentes muestras de tener un orgasmo, y Arturo, luego de
hacerla acabar, sacó su carajo de la concha de ella y me ordenó
"pajéame..., hazme acabar con tus manos".
Cogí
nuevamente su enorme y mojada herramienta e inicié una violenta
masturbación en ella..., pude sentir que iba a acabar porque
sentí que sus piernas se tensaban, y enormes chorros de semen
salieron disparados de su pichulón, para alojarse en su
vientre, sus pendejos, la conchita de Erica y sus hermosos
rulitos dorados. Mis manos quedaron llenas de aquel liquido
blanquecino y pegajoso, y las limpié con una toalla que estaba
al lado del sofá, luego cogí un buen pedazo de papel higiénico
y limpié primero la conchita de Erica y luego con otro trozo de
papel el carajo de Arturo, teniendo especial cuidado de retirar
el semen que se había alojado en sus bolas y también el que se
había deslizado hasta su peludo culo, mientras podía escuchar
sus comentarios al decir "ah, que sirviente mas puto
eres..., sin duda vas a terminar haciéndome una buena mamada".
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