RELATOS, SUPUESTAMENTE CHILENOS

 

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Principal Pornochile

Cumpleaños


Esta historia es una historia real. Estoy seguro que muchos, sino todos, ustedes no la van a creer al principio, por eso solo les pido paciencia y que la lean hasta el final. Todo sucedió hace apenas dos semanas, cuando fue mi cumpleaños número 29. No me detendré a contar la triste historia de mi vida -todos tenemos problemas pero ¿a quién le importan?-, solo diré, porque es importante para entender mi ánimo aquel día, que me iba mal en el trabajo y que desde hacía tiempo, me había ido alejando poco a poco de mis amistades hasta estar completamente solo. 

Como dije, ese día era mi cumpleaños, era sábado y yo no tenía nada más que hacer que leer y ver alguna película en la televisión. Mi madre y mi hermano me llamaron por teléfono, me desearon felicidades y se excusaron de no poder visitarme. Cuando colgué el teléfono, estuve seguro que ese sería el peor cumpleaños de mi vida. Pero como a las siete de la tarde llegó mi hermano. Se veía algo nervioso y me volvió a pedir disculpas por no tenerme un regalo ("ando caga'o eh plata", dijo, con una sonrisita fingida). Yo le pregunté en qué andaba y me dijo que necesitaba pedirme un favor:
-Mira, ahora me tengo que ir volando a Santiago, y necesito que me hagas un
favor.
-Claro, dime -respondí.
Sacó del bolso que llevaba un paquete, una especie de sobre algo abultado y muy sellado.
-Mira, viejo -comenzó a decirme-. Esto es de una amiga mía. Tenía que
entregárselo hoy, pero como me tengo que ir, no voy a alcanzar a encontrarla. Le dije que podía pasarlo a buscarlo aquí, como a las nueve ,¿OK?
-OK - respondí, recibiendo el paquete y mirándolo con curiosidad-¿Qué es?
Mi hermano me miró y dijo "Una cosa", aunque su mirada realmente
decía:"Hermano, te quiero mucho, pero ese no es asunto suyo". Como dije, recibí el paquete, lo dejé en la mesa de centro y me despedí de mi hermano. A los cinco minutos me había olvidado de él.
Como a las ocho decidía acostarme. Me duché y mientras me secaba me acordé que la amiga de mi hermano iría como a las nueve. Maldiciendo, me vestí y bajé al primer piso, a esperar.
Como a las nueve y cuarto escuché la reja, pasos y varios golpes en la puerta.
Tomé el paquete, dispuesto a entregárselo de inmediato para irme a dormir, y abrí la puerta.
Lo que ví me cuesta contarlo. La amiga de mi hermano era una mujer totalmente increíble. Debe haber medido 1.65, delgada y bien formada, con el pelo de un color zanahoria intenso y un rostro que ya envidiarían las modelos de la TV. Me costó unos segundos recuperarme de tal impresión. Llevaba puesto un peto negro que dejaba ver su vientre y su ombligo, y este era perfectamente liso y dorado -jamás había visto una mujer con peto a la cual no se le desbordase una asquerosa guata sobre el pantalón-; y unos blue jeans o vaqueros -como ustedes quieran llamarlos-, muy sobrios y bonitos.

-Hola -me dijo-. Soy Julia, creo que tú hermano me dejó algo aquí.
Era tan bonita, y su sonrisa tan reluciente, que no pude menos que hacerla pasar. Entró y murmuró: "Bonita casa", cosa que me llamó la atención pues mi casa es todo menos bonita.
Me pareció muy brusco entregarle el paquete y despedirla, así que la invité a
sentarse y le pregunté si deseaba tomar algo.
-¿Tienes jugo? -preguntó. Yo no tenía, y cuando le dije sonrió y respondió:
-Un té estará bien.
Puse la tetera y vi que no dejaba de mirar el paquete. Cuando levantó la vista me preguntó, con ansiedad
-¿Ese es?
-Sí -dije-. Ese es.
Lo tomó y lo abrió. Miró en su interior con atención y luego sacó un papel que
leyó y escondió rápidamente. Se guardó el paquete en la cartera y yo pensé: "Diablos, ahora se va a ir". Pero me miró y dijo:
-Disculpa que te moleste, pero ¿puedo ocupar el baño?
-Claro, está en el segundo piso, justo al final de las escaleras.
Se levantó y subió. yo esperé que la tetera hirviese, preparé las tazas, serví dos tazas de té y me senté a esperar. Ella se demoraba en el baño y de pronto escuché mi nombre -mi hermano se lo debe haber dicho, porque yo no había tenido oportunidad-, que me llamaba. Había un dejo angustiado en su voz.

Yo pensé que había tenido problemas con el baño, pues la taza a veces se queda sin presión. Pensé: "No puedo tener más mala suerte: por primera vez en años tengo la oportunidad de conocer a una mujer atractiva, y esta caga en mi casa y no puede deshacerse del mojón"  -Podrías subir a ayudarme con algo -dijo. Maldiciendo, me levanté y subí. Pero cuando llegué me encontré el baño vacío. Estaba a punto de entrar cuando observé una figura a mi izquierda. Era ella. Estaba parada en la puerta de mi pieza, y estaba completamente desnuda, sonriéndome con picardía.
-¿Te gustaría culearme? -dijo Yo no podía creerlo. Era como un sueño hecho realidad. Pero a diferencia de las fantasías sexuales, donde uno salta sobre la mujer, yo casi me meé de susto. Quedé paralizado. Ella avanzó, me puso la mano en el paquete -en mi paquete y dijo:
-Tienes la penca dura… ¿te gustaría enterrármela en la zorra?
Me gustaría decir que dije "¡Sí!", pero sería mentir. Traté de hablar pero no
pude. Ella rió, se puso de rodillas frente a mí y me bajó los pantalones y los
calzoncillos. La verdad es que no tenía la penca dura, sino chiquita y asustada, pero ella se la metió en la boca entera y comenzó a chupar y chupar y chupar, mientras acariciaba mis testículos con las manos. En unos minutos sí tenía el pico parado y duro. Entonces ella comenzó a chuparlo más rápido, quejándose cada vez más fuerte, y de retente se lo sacaba y se lo pasaba por la cara con desesperación y gritaba: "¡Pico rico!" o "Rica la cabecita" o "Me gusta tu pichula" o "¡Qué ricos tus cocos!", y con esta última frase me lamía los cocos.
Cuando yo creí que iba a explotar. Julia se levantó y me tomó de la pichula -¡sí, de la pichula!- y me llevó a la habitación. Se dobló sobre la cama, con el poto hacia a mí y me dijo:
-¿Te gusta mi culo?
Yo todavía no podía hablar, así que simplemente le tomé cada cachete con las manos y comencé a lamerle el hoyo. Ella gritaba muy fuerte -después supe que lo escuchaban mis vecinos- :¡Eso, lámeme el culo!
Cuando me cansé, ella se dio vuelta, abrió las piernas como lo haría una
gimnasta , se abrió la zorra con los dedos y dijo:
-Te gusta mi concha.
Todavía no terminaba la frase cuando yo ya se la estaba lamiendo, porque ya
estaba caliente y había perdido la vergüenza.
-¡Eso, chúpame la concha, huevón de mierda! -gritaba ella, como desesperada-
¡Lámeme la zorra!
No pude aguantar más. Me levanté y me miré el pico (no se si sería mi
imaginación, pero nunca lo había visto tan guatón y colorado) y se lo metí de una. Julia pegó un tremendo grito y dijo:
-¡Qué pico más rico! ¡Entiérralo! ¡Entiérralo!
A mi se me soltó la lengua y le pregunté al oído
-¿Te gusta mi callampa, puta?
Y ella respondió gritando:
-¡Me gusta tú callampa! ¡Me gusta tu pico! ¡Me encanta tu penca! ¡Me fascina tú pichula! ¡Entiérralo! ¡Entiérralo! ¡Háceme cagar la zorra!
Era como vivir una película porno; yo no lo podía creer -y supongo que ustedes,  hasta ahora, tampoco.
Yo estaba a punto de irme cortado cuando Julia se deslizó y se sacó el pico de la concha. Me dio vuelta y comenzó a darme besos en el pecho. Eso me bajó el ritmo y previno que me fuera cortado.
Ella se colocó el pico en la cara -sí, nunca lo había visto tan guatón y colorado:
¡parecía que iba a explotar!- y me dijo:
-¿Te gustaría enterrarme el fierro por el culo?
Se levantó sin esperar respuesta y se puso contra la pared, con el culo abierto.
Yo me levanté, puso la cabeza del pico en el hoyo y comencé a meterlo. En las películas pornos la cosa se ve fácil, pero no lo es. El culo de Julia estaba super apretado y apenas le cabía la cabeza. Pero ella no dejaba de gritar:¡Entiérralo en el culo! ¡Quiero quedar cagándome sola! Y cosas por el estilo.
Estuve harto rato dándole por el poto, pero no llegué a enterrárselo todo. A lo más, la mitad del pico. Cuando la cosa ya no daba para más, ella se dio vuelta, se puso de rodillas, comenzó a pajearme despacito y a tirarle escupitos al pico, mientras me miraba, sonriente y picarona.
-¿Te gusta como soy? -decía, tocándose las tetas- ¡Soy enferma de maraca y puta! ¡Soy una perra! Dime que soy una perra
-Eres una perra
-Dime que soy una maraca conchemimadre
-Eres una macara, una puta conchetumadre
Esas cosas parecían hacerle gracia. Luego me dijo:
-¿Alguna vez te han comido el moco?
-No -respondí yo
-Yo quiero comerte tú moco -dijo, se metió todo el pico en la garganta.
Comenzó a chuparlo más fuerte que al principio, tanto que yo intenté sacarlo porque creí que no iba a resistir. Pero ella siguió chupando y chupando, y a veces se lo sacaba y decía: Dame tú moco, échame el moco, y cosas así.
Poco pude resistir. Sentí venir el orgasmo y de pronto un chorro de semen salió  de la punta de mi pichula. El primer chorro le cayó directamente en la boca, el segundo en la cara, en la mejilla y parte de la nariz, el tercero no lo vi, porque ella se había metido el pico en la boca y le debe haber caído directamente en la garganta. Exhausto, me dejé caer en la cama. Ella se levantó, mirándome y sonriendo, la cara con semen. Se limpió el semen con el dedo y se lo metió a la boca. Yo debo haber puesto cara de algo, porque dijo:
-Me gusta comer moco.
No alcancé a decir nada porque se metió al baño. Cuando salió, varios minutos después, estaba vestida. Eso me desanimó, porque pensé que seguiríamos afilando. O por último que conversaríamos un rato.
Pero me dijo:
-Me tengo que ir, se me hace tarde.
Sacó un papel y me lo entregó.
-Toma -dijo y corrió escaleras abajo, abrió la puerta y salió corriendo. Yo me
quedé ahí, parado y empelota, sin saber qué hacer.
Entonces abrí el papel y lo comprendí todo. Era la letra de mi hermano. Decía:
Feliz cumpleaños. ¿Te gustó el regalo? No pude más que dejar de sonreír y pensar: "¡Benditas sean las putas!"

Publicado el: 17 de marzo 2006
Autor : Juan

 

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